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El lenguaje del bebé: del balbuceo al habla

Desde el nacimiento los niños se comunican a través de gestos y sonidos, esta etapa se conoce como pre-lingüística o no verbal ya que no hay palabras solo sonidos, aproximaciones, gorjeos, balbuceos, llantos y sonrisas. Esta etapa dura más o menos hasta los doce meses y a través de estos gestos y sonidos se revela el estado de ánimo del bebé así como sus distintas necesidades: de comer, de tener contacto físico, cambio de pañal, dormir, beber, etc.

La manifestación más temprana de esta capacidad es el balbuceo que emiten los bebés a partir de los dos o tres meses. Un consejo importante es que cuando vayas a sacarlo de su cuna y él haga un ruido lo repitas junto con él y con un tono de voz agudo di algo como: “es hora de levantarse”. Con esta respuesta, se pondrá a dar pataditas y golpecitos de la emoción y repetirá su sonido.

Si no existe estímulo cuando balbucea o realiza algún gesto no balbuceará con tanta frecuencia, por lo que debe ser una relación interactiva. Además, lo más maravilloso es que, si respondemos a nuestros bebés con balbuceos, ellos también nos responderán. El desarrollo del lenguaje avanza gracias a este proceso recíproco.

Al hablarle le ofreces mucho más que estímulos, pero si no se responde a sus esfuerzos y no se representa un buen modelo para que aprendan, dejarán de balbucear de forma progresiva. Cuando dejan de balbucear ya no practican los complicados movimientos de la lengua, los labios u otras partes del mecanismo anatómico del habla.

Los juegos tanto de palabras como de gestos son maravillosos durante este período de transición del balbuceo al habla ya que permiten al niño hacer ejercicios físicos relacionados con el lenguaje, recuerda que leerle es una buena técnica para ofrecerle estímulos.

Sin embargo, por muy bueno que sea un programa de aprendizaje, este no tendrá éxito si no se lleva a cabo en un ambiente agradable y de cariño. A medida que pasan de balbucear a hablar se les puede ayudar respondiendo a sus primeros intentos de vocalizar, ofreciéndoles un buen modelo de comportamiento lingüístico con el fin de orientarlos y premiar sus primeros esfuerzos.

Los bebés son como una esponja, todo lo que hagas y digas puede aprenderlo, por lo que toda estimulación fortalece su desarrollo del lenguaje. Si el bebé aún no balbucea o lo hace muy poco es importante recordar que no todos los niños tienen el mismo ritmo de aprendizaje, pero si existe alguna preocupación se puede consultar con un especialista para detectar cualquier tipo de problema.